EL “BEANBALL”, RECURSO ASESINO DEL PITCHER (junio 2011)

Por Andrés Pascual

El boxeo es una de dos actividades humanas, para colmo, de entretenimiento, en la que el instinto criminal es perfectamente legal si se consuma la muerte o una lesión grave  del contrario. En este deporte, la culpa se desvía hacia el concepto “defensa propia”.

La otra es el beisbol en la relación pitcher-bateador: un serpentinero le dispara una píldora dura a la cabeza a 160 kms/h a quien ocupa el plato bate en ristre, el 98 % de las veces con el objetivo de golpearlo como represalia contra un batazo recibido del propio bateador o de un compañero; otras, porque el monticulista contrario golpeó a uno de sus teammates. Le dé o no, la cosa puede quedar en una cámara húngara con vaciado de los bancos; un par de golpes entre ambos rosters y una suspensión de tres ó cuatro partidos, más una multica por el incidente; otras, en un par de advertencias a los directores de los equipos involucrados por el umpire de turno.

El beanball o lanzamiento intecional al cuerpo o a la cabeza, casi siempre, es ordenado desde el banco. En épocas pasadas, la base por bolas, justificada como obligatoria por el dichoso librito, se alcanzaba con un solo lanzamiento; porque se golpeaba al bateador en turno.

La desfachatada e injustificada guerra de Roger Clemes contra el ex catcher de los Mets, Mike Piazza, llegó tan lejos que, además de varios “bean balls”, le devolvió ridículamente la mitad de un bate que cayó a sus pies, después de que el italoamericano le hiciera swing a un lanzamiento demasiado adentro.

Warren Spahn perdió un año en su ascenso a los Abejas de Boston; porque, en el entrenamiento de 1941, Casey Stengel, entonces manager del club, le ordenó que golpeara a un bateador, a lo que el zurdo se negó, alegando que el necesitaba solamente doce pulgadas de zona de strike, por lo que no veía la razón.

Pero Gibson, Lonborg o Drysdale tiraban a dar, duro y hacia zonas peligrosas; la diferencia con los de hoy es que aquellos pitchers sí dominaban sin utilizar el lanzamiento maldito; de hecho, el astro de los Cardenales y la estrella de los Dodgers son miembros de Cooperstown y Lonborg fue un lanzador mejor que el 70 % de los serpentineros de la actualidad.

Hace un años, Salomón Torres hizo estallar el casco de su paisano Sammy Sosa (foto) con un disparo de 98 m/h; cuando se ve la instantánea del impacto, es imposible erizarse por la forma como saltó en pedazos. Ya se sabe que es un código de honor que supera al de los miembros de la Cosa Nostra; pero no deja de ser peligroso y desagradable.

Por lo frecuente de hoy, en relación con el aumento de la ineficacia para resolver situaciones difíciles, o como represalia cobarde, el pelotazo al bateador con intención criminal evidente, más que estratégia, debería ser penalizado de otra forma más severa;
o se corre el riesgo de que se tenga que lamentar una fatalidad que enlute al pasatiempo y, a como de lugar, eso no debe suceder.

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LA MÁS ESPECTACULAR ESTUPIDEZ DE LA HISTORIA: EL COLEGIO DE COACHES DE PAUL K. WRIGLEY

Por Andrés Pascual

La de 1960 era la séptima temporada con 90 ó más juegos perdidos de trece jugadas
previamente para los Cachorros de Chicago; entonces el dueño, pensando y actuando con malicia (VERBIGRACIA DICTADOR), casi infantil, impuso la idea de cambiar de director las veces que se entendiera; porque “este problema tiene que ser de los directores”; así nació el Colegio de Asistentes de P.K. Wrigley.

La idea de enviar a los asistentes del club al lugar del manager la elucubró el heredero en 1960 y fue considerada, en su momento, como “medida bizarra” en la historia de las Ligas Mayores.

A todos sus críticos, preferentemente a la prensa, Wrigley les respondió “en el diccionario, manager o director es quien manda y coach o asistente quien trabaja” y “nosotros queremos trabajadores”, concluyó.

Para comenzar, colocó a Lou Boudreau, que tenía experiencia de dirección con Cleveland, al timón de la nave; nada extraño como no fuera que el Chico Bueno trabajaba de narrador del equipo, entonces, frente a los micrófonos, al hasta ese momento director, Charlie Grimm. Boudreau termino la campaña con 54-83, al
concluir regresó a la cabina de narración.

Los Oseznos contrataron a un Coronel retirado de la Fuerza Aérea, Robert Whitlow, para “desarrollar una estrategia”. Cuando comenzaron las sustituciones de un asistente por otro, se dieron cuenta de que no existía un plan estratégico; sino varios y los jugadores empezaron a quejarse, porque lo mismo estaban hoy en un turno al bate que mañana en otro.

En 1961 hubo cuatro asistentes de dirección a cargo; pero ocho sustituciones en el puesto: Vedie Himsl, con 5-6, fue remplazado por Harry Craft, que logró 4-8 antes de que Himsl regresara, por el orden de la rotación establecida, a poner un pésimo 5-12; entonces El Tappe “asistió” en dos juegos, ambos perdidos, antes de que Craft volviera a encabezar el hundimiento con marca de 3-1 y  Himsl terminara con  0-3.

Dicen algunos periodistas de la época que, por sugerencias de Whitlow, Wrigley aceptó
darle un poco de estabilidad al puesto y puso a Tappe a cargo por 78 juegos (35-43); a quien siguió Lou Klein con 5-6, terminando Tappe la campaña con 5-11.

El resultado final fue que en 1961 ganaron más juegos que el año anterior; sin embargo, “la solución” empeoró los guarismos para 1962, al lograr Tappe, Klein y Charlie Metro, la primera temporada de 100 derrotas en la historia del club. Mientras tanto, Harry Craft fue designado director de los Colts 45 de Houston y por 64-98 terminó delante de los Cachorros.

Buck O’Neil era, en 1962, el primer asistente negro en actuar en grandes ligas; sin embargo, fue al único que no le brindaron la posibilidad de desempeñarse a cargo del equipo desde el puesto de mando, lo que le habría convertido técnicamente en el primer negro en dirigir un club de liga grande. Incluso en un juego en que expulsaron a dos, llamaron a Fred Martin, asistente de pitcheo, para hacerse cargo de la dirección.

En un momento los Cubs viajaron a Los Angeles con nueve coaches, cuatro de ellos en
las gradas y fueron barridos en medio de una racha de 8 derrotas en 10 juegos.

En 1963 establecieron un sistema rotatorio de asistentes jefes; aunque Bob Kennedy (1963-64) y Lou Klein (1965), mantuvieron el nombre de “head coach”, el experimento terminó cuando contrataron a Leo Durocher (foto recostado al bate, Johnny Bench detrás), quien dijo en la conferencia de prensa: “si no se ha hecho el anuncio lo hago ahora: yo soy el manager, el manager y que se entienda”; entonces declaró que aquel club no era de octavo lugar y tuvo razón, fue en 1966, terminaron en el décimo…

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¿FANÁTICOS INOPORTUNOS O SANGRONES DE LA GUANAJERA?

Por Andrés Pascual

“Para que el mundo sea mundo debe tener de todo” y jamás, escuchó bien, ¡Jamás!, hubo máxima tan efectiva y aplicable.

Hace poco leí en un viejo (fecha 1949), magacín de baseball, de aquellos que deleitaban a los habituales lectores de deportes del “buen tiempo ido” (Sport Journal), un artículo, tan refrescante como incisivo; medio en broma medio en serio, del colaborador de la revista Charles de Mangin.

En el material “de marras”, el hombre (humorista de buen tino), se dedica a revisar actividades del americano promedio (en el Caribe quizás el fanatismo no deba ser tratado así, porque, por idiosincrasia, su personalidad y comportamiento son mucho más “calientes” que la de los congeladores del Norte), tan vigentes como hace 70 ó más años, que “molestan al espectador serio del beisbol”; para de Mangin, el comedor impertinente de perros calientes o el “masticador” de chiclets, pueden ser capaces de provocarle, a quien se le siente al lado, el rechazo al juego, especie de “carambola rara”, que concluye en el sentido (injusto para la ocasión que comento), del juego infantil de más de 100 años “dale al que no te dio”.

Pero el americano es así, por eso contempla, entre sus “modales” de asistente al estadio, la prohibición de la música de grupo por cuenta propia para animar desde la tribuna a su equipo predilecto en las Grandes Ligas, diferente digamos que a Cuba, donde la conga sobre el dugout favorito traslada al parque el matiz de carnaval y rumbantela permanentes que ha identificado la personalidad del criollo desde siempre.

Pero la diana del individuo es redonda en lo relativo al supersabio de la galería; al fanático que se para a cada momento para darle matices de dimensión bestial a un diminuto fly detrás del short; según de Mangin, este tipo de espectador molesta desde su llegada, porque puede hacerlo tarde con regularidad, provocando la ira del puntual, que tiene que pararse o encogerse como una liga del tirapiedras de cualquier niño.

Para el supersabio no existe la conformidad ni la sapiencia ajena, incluso hace malabares intelectualoides con la jugada que todavía no puede ni suponerse, porque no se vislumbra a la altura del 4to inning; así que el toque de bola previo a la situación creada; el cambio de pitcher cuando todavía no ha perdido una milla por hora el abridor, o la mala estrategia del manager en “bateo y corrido”, pueden estar “a pupilo” en el manual de alguien que, en realidad, debe considerarse inoportuno por las meteduras de patas tan frecuentes que molestan.

En Cuba tiene sello de garantía el fanatismo histórico supersabio, (a pesar de la tiranía castrista, que no ha podido borrar el comportamiento, más bien lo disparó en niveles insoportables); entonces la proliferación del sabelotodo de hoy (foto grupo callejero en Santiago de Cuba), cuyo valor de uso está en fase intermedia, impuesta por la política de triunfalismo partidista ideológico sin moderación, es identificada (mejor representada) por el gritón chusma, comúnmente considerado “piso’e tierra”; capaz de ofender e insultar (en casos extremos a amenazar), con cualquier epíteto sin importarle lo desagradable u obsceno que sea.

Mi “paisano de la actualidad” escapa al marco beisbolero y cae en brazos de cualquier disciplina, por lo que usted puede escuchar a cronistas, seguidores de clubes de Europa, o a fieles aficionados a los que no les importa un pito el beisbol, rebasar el marco de lo aceptable y bordar pespuntes de insulto a la inteligencia, al dictar cátedra como ni Jesús Gironellas, Manín, Peter o Elio Constantín en sus diferentes etapas como la verdadera sobre balompié en Cuba.

Para este individuo puede ser tan malo un manager como un jugador, que un cronista o un furibundo colega de la discusión irracional cualquiera; incluso cualquier fanático como el que describí, puede ofrecerle un manual de jugadas no hechas la noche anterior, más obligadas que desayunar, con recomendaciones para que sienten o pongan a jugar a un pelotero cualquiera; lo peor de la actitud del hombre es que, si revisa su historial de fidelidad deportiva, hace año y medio que no asiste al estadio y posiblemente ni ve los juegos por televisión; porque, a la hora del “playball”, esta sentado en el banco del parque con la cháchara conclusiva adelantada.

A fin de cuentas, existe un espectador que comenta la película en alta voz, o la cuenta aunque usted le suplique que no cometa semejante sacrilegio; en Cuba, durante los 60’s, asistí a una función en el teatro universitario, en que un grupo estudiantil representaba una obra de categoría “romántica”; en el momento en que “el bueno” se entera de que la esposa lo engaña y se debate entre varias opciones a tomar en cuenta para aplicar una, se escuchó, a todo pulmón desde la última fila, la voz de un “colao” sin viso intelectual, sugerir la de barrio, consuetudinaria para casos como este: ¡AMBIA, MATA A ESA PUTA! Nada, el inoportuno del cuento, que está donde usted menos lo espera…

LAS SUSTANCIAS, MLB, COOPERSTOWN Y EL COMITÉ OLÍMPICO INTERNACIONAL

Por Andrés Pascual

Hace poco leí una “imploración” al Diablo en una web especializada en beisbol (por lo general otros lo tratan igual); tal vez un miembro de Cooperstown quisquellano o un cronista de ESPN.es, no recuerdo; al caso, espera muchos más dominicanos en el recinto y el sitio adornó el material con varias caras de peloteros que, se supone, nunca deberían colgar su fotografía en las paredes “primadas” del beisbol; digo, eso creo, porque una fue la de Manny Ramírez, otra la de Sosa y así…

Mire cómo va la cosa, presagian que Pancho pudiera ser el último Papa (lo puso el NOM para que desbanque lo que representa), por lo que no dudo de que el Dios del pasatiempo, “LO MORAL INCLAUDICABLE”, se derrumbe por efecto destructor de los nuevos fariseos, que no van a dejar “titere con cabeza” a la distancia razonable de 10 años; quizás de menos.

Por lo general, los comentaristas, los fanáticos, tanto de jugadores nacionales como de regionales, no se detienen a pensar en las posibles implicaciones, gravísimas, en todas las instancias del deporte mundial, en cuanto a la relación estrecha (elección), que buscan entre Salón de la Fama del Beisbol y usuarios de sustancias de crecimiento.

El cronista, el pelotero, el fanático que trata de abrirle “cupo de inmortal” al jugador que usó sustancias de crecimiento, o que viaja en cuchicheos sin pruebas “aparentes”, debiera pensar en cuánto pudiera afectar al beisbol la petición de clemencia para perdones de quienes han sido una plaga hasta hoy; al capítulo maldito se acogieron por cuenta propia (salvo en los países del ex Pacto de Varsovia, donde lo impuso el partido comunista ortodoxo), corredores, boxeadores profesionales…

El beisbol fue expulsado del Olimpismo, no lo dejaron fuera por nimiedades consoladoras; aunque quieran dar explicaciones trasnochadas, si usted es medianamente inteligente, debe entender que el de hoy, sus dueños, su media y su fanático, no están moralmente preparados para ocupar espacio en el calendario olímpico, porque este organismo ha suspendido y borrado de los récords a más de 10 grandes nombres, así que figúrese…

Sencillamente, la política contra las sustancias no es fuerte ni decentemente justa en el Beisbol Organizado, una vez que manipulan “pecadores” para inmortalizarlos cuando debieran estar enterrados para siempre sin reclamo.

La política contra las sustancias pende de un hilo, que es el interés oportunista y mercachifle a mano para cuando lo necesiten.

¿Le recuerda a alguien el nombre Marion Jones? Le refrescaré la memoria: múltiple recordista olímpica en pista, perdió las medallas y los sponsorts, además, no bastándole a la justicia deportiva mundial, paró en la cárcel…

Piense en los títulos del Tour de Francia que le quitaron a Lance Armstrong, también perdió a los patrocinadores; piense en Ben Johnson, Señor mío ¿Cómo condonaría esas deudas morales si Manny Ramírez, Palmeiro, Bonds, Clemens, Sammy Sosa o Canó resultaran exaltados? Un Salón de la Fama es como un Templo, no lo olvide; si se la robaron, busque “el agua bendita” que limpie hasta el churre de “la segunda cara”, tan importante como la del frente.

¿Quiere más sal? Manny Ramírez agredió a una periodista que trató de arrancarle un par de palabras en el estado de la Florida y Sosa arrastra un bate relleno que vio todo el mundo por televisión…

A Rose se han cansado de pedirle perdón, hasta el Pdte Trump lo ha hecho públicamente por amiguismo; este mandatario olvidó que The Hustler no solo arregló juegos, sino que estuvo preso por evasión de impuestos; más o menos como olvidan todos los otros que piden la elección al Olimpo de vulgares pecadores, mentirosos de una laya que, porque el beisbol es ejemplo y símbolo infantil, no debe hacerlo ni aceptarlo nadie decente.

Si un día sucediera, si llegara a predominar la pérdida de la autoestima y del decoro consciente y constante en todos los implicados y que nadie dude, pudiera, habrá consecuencias, en el espectro deportivo mundial, ajeno al balompié claro, habrá consecuencias…

Hughie Jennings, rey del pelotazo recibido (2011)

Por Andrés Pascual

De tanto escuchar y leer en Cuba sobre los “bolazos”, intencionales o no, de que era víctima Orestes Miñoso, muchos de mi generación y anteriores, tal vez crean que el Idolo de Perico es el máximo líder de la dolorosa casilla en Grandes Ligas.

El outfielder del Chicago White Sox fue una invitación al pitcheo adentro para separarlo, por su forma de pararse en el plato completamente inclinado sobreo este.

Algunos jugadores de su época, como Orlando Peña, me han dicho que la revancha del matancero contra al pitcher que lo “tumbara”, era buscar el pelotazo, en el momento de mayor compromiso, con hombres en peligrosa posición anotadora.

Pero los “bean balls”, los intencionales y con instinto homicida, tirados a zonas complejas como el costillar y la cabeza, son realmente peligrosos: al propio Miñoso, en la campaña de 1954, el pitcher de los Yanquis, Bob Grim, le dio cerca de la sién y le envió al hospital por varias semanas.

Sin embargo, en esta época (en que los pitchers no tienen la clase de aquellos; como si más velocidad), tiran a dar con más frecuencia que cuando los clubes eran solo 8 por liga y la encomienda del monticulista impedir que los corredores se embasaran.

La rutina actual, por el bean ball o por la base por bolas, es un relajo y ni qué decir del wild pitch, a 2 metros del catcher y a 98 m/h. con corredor en tercera.

Miñoso lideró la Liga Americana 10 veces en pelotazos recibidos y su gran total fue de 192 en 17 años, incluye un máximo de 23 en 1956.

El 5to en mayor número recibido es el catcher Jason Kendall con 254 y un año de liderazgo.

4to el ex bateador designado, inicialista y jardinero Don Baylor, que aguantó 267 pelotas en su anatomía con 8 liderazgos.

El 3ero, un jugador pionero que jugó para varios clubes en el período 1887-1899, Tommy Tucker, que fue golpeado 272 veces y acaparó 5 veces el desagradable primer lugar.

Con el tremendísimo Craig Biggio, seguro Hall of Famer, las hienas del box se ensañaron la friolera de 285 veces, con 5 temporadas como primer objetivo en la vanguardia.

Pero es Hughie Jennings (foto con Detroit), un primera base que pertenece a Cooperstown, que jugó para varios clubes en 17 años de labor entre 1891-1918, quien lidera la casilla de golpeados por lanzamientos por 287 y cinco temporadas como
puntero.

Jennings bateó .312 de promedio general, en 1896 para .401, medía 5’8 y pesaba 165 en forma, era derecho para batear y para tirar. Jugó todo el infield y el outfield.

Es el único que haya recibido más de 40 pelotazos en tres campañas con el récord de 51 en 1896; porque Ron Hunt, infielder entre 1963-1974, fue golpeado 50 veces en 1971 y acumuló 243 y 7 liderazgos.

EL PREMIO “BOHEMIA”, UN NO HIT NO RUN Y CONRADO MARRERO

Por Andrés Pascual

El campeonato invernal cubano gozó de tanta clase artística como profesional: los mejores peloteros, los mejores fanáticos, la mejor prensa y, sin dudas, comparable a los Padrecitos del Beisbol Organizado, el mejor apoyo en propiedad y gerencia, en fin, los mejores hombres “que no salían a jugar”.

Cada oficina de club, incluyo la de los Havana Cubans, o la de los Cubans Sugar Kings, fueron ejemplos de pulcritud, solícitos en agradecer con creces el apoyo popular a una clase de beisbol inigualable en ningún país de la región; mucho menos hoy en el lugar en que nació, se asento y asesinaron aquel ejemplo magnífico de por qué fuimos dueños, durante casi 100 años, del segundo lugar en la porfia beisbolera mundial.

Durante los 40’s se produjo el despegue definitivo del poderío cubano en el pasatiempo; La Tropical asimiló el efecto nutritivo del jugador amateur, que contribuyó a repletar las gradas, porque arrastró su público natural desde el circuito unionista, poco antes de la transición al monumental Grand Stadium de La Habana en la barriada del Cerro.

Y fue la década de los 40’s la que ha quedado como testimonio del mejor y más peleado campeonato del beisbol nacional en su historia: 1945-46, el año en que Max Lanier-Agapito Mayor se combinaron para que los Alacranes del Almendares ganaran un evento que nunca se ha podido olvidar, ni por la calidad de juego ni por la tensión popular tras cada envío de los lanzadores del club añil, como por Fred Martin defendiendo la H escarlata.

La campaña que comento generó tantos premios que poco faltó para que le entregaran uno al que “más sudó”: radios, guayaberas, 50 pesos…todos propuestos en vistosas y agresivas vallas situadas detrás de las cercas del outfield. Nada, cosas del malsano capitalismo, que Castro superó eliminando el beisbol, el comercio y la calidad de vida; su abrazo, ¡Solo su abrazo! fue catalizador de cualquier estado sublime para una sociedad atípica desde entonces.

Pero aquellos premios fueron creados para entregarse por la actuación de los jugadores durante los campeonatos invernales; entonces, en 1946, Cuba entró al Beisbol Organizado al aprobarse la franquicia de los Havana Cubans, realmente propiedad del dueño de los Senadores de Washington, Clark Griffith, representado de forma fantasmal en la “junta o grupo inversionista”, que incluyó al ex pelotero cubano Merito Acosta, por el scout Joe Cambria, quien apareció como uno de los dueños gracias a una inversión de cierto nivel de importancia.

Unos días antes de comenzar la campaña invernal de 1945, influido por el derroche de “estímulos” que se ofrecían, el dueño de la popular Bohemia, Miguel Ángel Quevedo, citó al Maestro Eladio Secades, Jefe Editor de sus Páginas Deportivas, para considerar entre ambos un presente que nivelara a la revista en el concierto que contribuiría a prestigiar a los jugadores, tanto como a reafirmar el empuje comercial de cada casa que los entregaba.

El cronista y el hombre de negocios llegaron a la conclusión de que Bohemia entregaría 500 pesos al pitcher que lograra un no hit no run; eso sí, cada oferta, todas, válidas únicamente para actuaciones durante el campeonato invernal. Entonces le encargaron a la publicitaria Alvarez-Pérez el cartel o valla que anunciaba, a todo color, el regalito, por cierto, el más difícil de alcanzar, detrás de las cercas.

En 1945, el canadiense Jimmy Roy estuvo a un inning de los 500 pesos y de la gloria en Cuba; pero entró Héctor al homeplate disfrazado de villano, cañón al hombro y le metió un obús entre short y tercera que lo dejó con la boca abierta y el corazón destrozado.

En 1946-1947, Gentry Jessup, pitcher de ébano que impactó al fanático cubano de entonces, de quien, puede afirmarse, dependió casi exclusivamente el Almendares aquella temporada, le metía cero hit cero carreras al Habana en el 9no episodio una noche fría de enero de 1947; entonces apareció Sagüita Hernández, apodado Tolón Tolón por el estribillo de una canción relativa a una vaca lechera.

El pequeño jugador, que hasta una liga amateur que fue un fracaso tuvo para competir contra la Azucarera Pedro Betancourt, se hizo famoso por un jonrón como emergente que decidió un juego que estaba más perdido que un pez en la arena de una playa, rápidamente, Jessup lo puso en 0-2 y, acto seguido, le tiró la recta obligatoria para sacarlo out: a 95 m/h y tan baja y afuera que ni acostado hubiera podido alcanzarla; pero, cosas del juego, el tipo se tiró sobre el home y, con la punta del bate, produjo un caramelo, especie de fly-línea (abombado o texas-leaguer le dicen), justo hacia el territorio que nunca puede ni el center ni el camarero, la bola picó y adios 500 pesos…

Conrado Marrero (foto a la izquierda con Sandalio Consuegra), fue un señor lanzador que tiraba recta y slider, más nada, pero con tanto control que la podía poner donde le pidiera el catcher; la recta, de menos de 88 millas/h, por efecto del agarre, de su estatura, del aire y del lugar por donde soltaba la píldora, hacía una curiosa inflexión hacia arriba sobre el home, como las rectas de Koufax o de Madduxx después en Grandes Ligas, la mal llamada “curva hacia arriba”.

El Premier adornaba sus clase atlética, su sentido de la competencia, su disposición y su determinación ante la victoria con tal modestia y dignidad, que, tal vez junto a Willy y Ortiz, hayan sido los únicos peloteros verdaderamente mimados de todos los tiempos en el país.

Desde el circuito amateur, desde la discusión de los gallardetes en Series Mundiales, la dignidad de Marrero fue legendaria, su forma de entrega ante la defensa del pabellón nacional y su hálito grandioso.

Entre profesionales, en las Mayores, Ted Williams dijo del Guajiro: “ese cubano parece que está enterrado hasta la cintura, con 5 como él, batear .300 podría ser un lío de colosal dimensión” y Ted le dio duro, pero habló claro…

Como son las cosas, cuando terminó la campaña invernal 1945-1946, la publicitaria Alvarez-Pérez no bajó la valla, no quitó el llamativo anuncio del premio de 500 por un no hit no run; pero Conrado Marrero le metió nueve ceros sin hits al principal rival de los Havana Cubans en la Liga de la Florida, los Fumadores de Tampa.

Olvidando que el compromiso de los premios, de todos, era por actuaciones durante el campeonato invernal; arrastrados por la simpatía que despertaba Marrero entre los fanáticos, estos comenzaron una protesta gigante, de alcance nacional, peor que los levantamientos en París durante la Revolución Francesa; no tenían razón, no tenían derecho, pero sentían ese amor por el ídolo que solo los que idelizan conocen. Y comenzaron el acoso de cuanto empleado de Bohemia tuviera que ver con la decisión de premiar por la hazaña, prácticamente ni Quevedo ni Secades ni Molina pudieron dormir por la persecusión inquisitoria.

Hasta que, haciendo uso del sentido de justicia extraño e impropio para resolver la situación, a través de la prensa escrita, del micrófono, de programas y columnas de especialidad, se informó que, para la siguiente serie de los Havana Cubans como homeclub, Bohemia le entregaría un premio de 500 pesos a Marrero, que no merecía por los estatutos legales el tremendo pitcher, ¿chirrín chirrán?

A finales de los 50’s, el zurdo Rodolfo Arias lanzó un no hit no run de 7 innings por los Cubans contra el Rochester, fue el 17 de agosto, embasó únicamente a Roy Smalley en el 7mo por base por bolas, entonces Bohemia se retrajo porque “no había sido de nueva entradas”, y otra vez regresó la gritería a la grada, a la calle, cada casa cubana y de nuevo debió rectificar Bohemia y pagar los mil pesos, que era el monto del premio aquel año. El no hit no run de Arias fue el único durante los 6 años y medio de existencia de la franquicia.

DE LA BARRERA RACIAL AL MURO POLÍTICO CASTRISTA (reeditado 2007)

La cantidad de jugadores negros privados de jugar en Grandes Ligas por la barrera racial impuesta por el Pacto de Caballeros hasta 1947, no es ni remotamente comparable con la otra que le impide al cubano el acceso al beisbol mayor.

A la hora de razonar sobre la tremendísima cantera que perdió el Beisbol Organizado en la Isla, se podría hablar de 1000 ó más peloteros que dejaron de actuar aquí, en más de medio siglo; porque, si República Dominicana, con menos producción histórica en tiempos normales, ha colocado más de 600 desde mediados de los 80’s, ¿Cuántos cubanos han dejado de jugar en 49 años de criminal barrera política? Nadie sabrá nunca el número exacto del desperdicio de talento producto del muro castrista; tal vez 1000 sea una cantidad.

Nadie se explica la razón por la que no tratan esa prohibición de la tiranía castro-comunista contra el pelotero cubano, igual que al Muro Racial en las agencias de prensa americanas e hispanas; incluso en las oficinas del Beisbol Organizado ¿Acaso existen diferencias en cuanto a abuso de poder entre una y otra? ¿Por qué estos “hermanos” nuestros de América Latina, desde sus posiciones en la crónica de gran alcance como la de ESPN Deportes, en vez de alabar aquella pelota mala y destruida, no se solidarizan con el pelotero nuestro y establecen un capítulo que acuse, sostenidamente, a los responsables de tamaño crimen? Que también recuerde, anualmente, que en Cuba no se permite que un jugador utilice su derecho como individuo a jugar en el beisbol que crea más conveniente, o más ventajoso, por caprichos ideológicos impuestos criminalmente

¿Cuáles son los momentos en que debemos sentir aprecio por esa “hermandad”? Tal vez, creo yo, la solución a la tragedia cubana, con respecto al Beisbol Organizado, podría hacer peligrar el negocio de otros países del Caribe.

Aceptar el hecho de la situación cubana que afecta al beisbol como algo natural y, posiblemente, ejemplarizante desde una perspectiva de “buen gobierno revolucionario”, coloca en plano hipócrita la campaña por el retiro del número de Clemente, incluso el de Jackie Robinson.

La Barrera castro-comunista contra el pelotero nacional es más criminal e injusta que la que bloqueó al jugador negro hasta 1947; porque el jugador sepia americano podía irse a jugar por dinero a cualquier país que lo contratara, sin tener que enfrentar absurdas y maliciosas acusaciones de traición a la patria y sin ser convertidos en “no persona”; pero la mayor diferencia fue que tampoco se les prohibió construir su propia pelota profesional a través de las Ligas Negras.

Nadie de la prensa hispana ni de la americana ni de las instancias superiores del Beisbol Organizado, han hecho nunca ni denuncias que los comprometan solidariamente con el problema del jugador cubano; porque tal compromiso encierra una denuncia directa a la tiranía y estos elementos, que aplican como les da la gana el precepto “lo político no mezcla con el deporte”, tienen a mano la mejor justificación para no apoyar ni al beisbol ni, mucho menos, al ciudadano de la Isla en sentido general

¿Porqué razón? Para que no peligre su presencia en la pelota americana a través de una fuente que no les pertenece, adquirida de forma oportunista por la tragedia de Cuba; así de sencillo.

En igual posición se encuentran las Grandes Ligas, solo que, en este caso, hay secretos que no conviene que se sepan por nadie ajenos al asunto.

A fin de cuentas, el pelotero cubano, desde los últimos 49 años, carece de cualquier tipo de apoyo moral que garantice, por lo menos, una revisión de la política de injusticia y segregación más grande que el deporte haya conocido en América; a pesar de la barrera racial…(fodo Wilfredo Sánchez y Félix Isas)